Por: Roy F. Cárdenas Velarde

La semana pasada se conocieron los resultados de la encuesta realizada por la Universidad de Bath a jóvenes de entre 16 y 25 años procedentes de 10 países. Si bien el Perú no estuvo comprendido dentro de esos países, sí lo estuvo Brasil.

De los resultados más penosos, pero justificados, se tiene que el 65% de los encuestados siente que sus gobiernos les están fallando, mientras que el 83% indicó que las personas fallaron en cuidar el planeta. Dentro de ese universo de “personas” nos encontramos tanto usted como yo. Duro, pero cierto.

Hoy en día, los jóvenes acceden a información de lo que acontece en cualquier parte del mundo, por lo que para ellos es fácil conocer sobre las tragedias climáticas como las altas temperaturas, precipitaciones, sequías, migración climática, etcétera.

Es penoso ser joven hoy en día. Crecer conociendo –si no es que viviendo en carne propia– sobre las tragedias climáticas actuales.

En términos de la Asociación Estadounidense de Psicología, el diagnóstico es claro: todos ellos sufren de ecoansiedad. Y la culpa de ello es nuestra y de nuestros gobernantes, con la inacción o acción equívoca.

Como parte de la encuesta, se tuvo que el 39% de los jóvenes duda sobre tener hijos. Entendible. Y más, si a ello le sumamos los resultados del último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

El crecimiento demográfico es un tema que preocupa, y que considero se debe evaluar cuando hablamos sobre la lucha contra el cambio climático, toda vez que somos muchos para los recursos que nos provee la naturaleza.

Según Naciones Unidas, se prevé que la población mundial alcance los 8,500 millones en el 2030. Una cifra que preocupa si tenemos en consideración que en 1950 se estimaba que la población mundial era de 2,600 millones, menos del 50%.

Uno de los factores que trajo abajo la teoría malthusiana es la producción industrializada de alimentos. Bajo su teoría, la población humana crece según una progresión geométrica, mientras que los recursos del planeta lo hacen al ritmo de una progresión aritmética, lo que llevaría a un punto en el que no se tendrán suficientes recursos para alimentar a toda la población; sin embargo, la producción industrializada de alimentos ha llevado a que se pueda aprovechar más recursos. Pero eso tiene un costo.

Entonces, como lo he afirmado, dentro del debate sobre las medidas para luchar contra el cambio climático se debe analizar el factor poblacional. Pero, y con esto termino, es penoso e injusto que los jóvenes duden sobre tener hijos no por un tema de consideración hacia el planeta, sino por una preocupación respecto a las peripecias a las que se encontrarán expuestos.

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