Por: Carlos Meneses

“La política del Perú y del régimen del presidente Castillo debe ser igual entre lo que se dice y lo que se hace. La opinión pública se confunde porque hay diferencia entre los que se sostiene aquí y lo que se pregona al mundo”.

Hasta ahora no está, suficientemente, claro cuál ha sido el propósito del presidente Castillo y del gabinete Bellido de hacer una gira internacional. Mientras hay problemas urgentes de atención al interior del país.

De lo que si estamos enterados es que, desde el 5 de enero, el gobierno del Perú no reconoce quién gobierna en Venezuela. El Acuerdo de Lima había precisado, antes de esa fecha, el reconocimiento de Guaidó como jefe de Estado, pero desde el 5 de enero ese reconocimiento desapareció y ahora, en forma oficial, no tenemos a quien plantear el problema creado por el millón de venezolanos que están en el Perú, se desconoce si debe de ser tratado con Maduro o con Guaidó. Eso también significa que, virtualmente, el acuerdo de Lima está extinguido y la cancillería peruana, simplemente, espera que las cosas se arreglen solas o que la influencia de mediadores europeos resuelva lo que no pudieron lograr los latinoamericanos.

La gira del presidente Castillo debe haber tenido como motivo fundamental el aliviar tensiones y favorecer la inversión extranjera en el país o en la peor de las circunstancias el conseguir que recursos que salieron del país vuelvan a él, en la seguridad de que mantendremos una política de libertades y de garantía para la inversión nacional o extranjera.

En la sede de la OEA, el presidente Castillo ha dicho que el Perú no tiene un gobierno comunista ni que su régimen hará expropiaciones y que favoreceremos el libre mercado, el comercio con todas las naciones del planeta.

Estos son temas relacionados con la reactivación económica y no entendemos por eso la ausencia de definiciones que se advierte en el gobierno, sobre las cuales no quieren hablar los ministros ni tampoco el presidente.

Mientras eso se pregona al mundo, en el interior del país las cosas no son como se dicen y, por ejemplo, una política como la aprobada de cremar los cadáveres de los traidores a la patria o de los terroristas, camina con pies de plomo.

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