Por:MIGUEL A. RODRIGUEZ MACKAY – El Montonero

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, la idea que había dominado a las potencias vencedoras, estos es, Estados Unidos de América, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS, y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en la práctica eran los aliados, echaron a andar a la creación del mayor foro político del mundo y en ese marco el Perú tuvo una participación relevante, hallándose entre los 51 estados fundadores de la Organización de las Naciones Unidas, que en buena cuenta asumió el rol alicaído de la Liga de las Naciones o Sociedad de Naciones que siguió al final de Primera Guerra Mundial (1914-1919), y que fuera una consecuencia del Tratado de Versalles de 1919.

El Perú, entonces, tiene un rol histórico que cumplir en el marco de la génesis de las Naciones Unidas, constituido en el espacio horizontal o plano en el que los Estados en su calidad y cualidad jurídica de sujetos del derecho internacional por excelencia -es en la práctica el momento más importante de la denominada igualdad jurídica de los Estados-, se lucen al máximo en un ámbito realmente multilateral y ecuménico en que la oportunidad para externalizar los grandes derroteros de la política exterior y de la política internacional que legítimamente cada país con su gobierno de turno cuentan para mostrar al mundo. Es la ocasión, si se quiere, para difundir las grandes líneas maestras de lo que buscan los gobiernos de los 193 Estados que integran la ONU. De allí que comprenderemos la envergadura del por qué era extraordinariamente importante que el presidente de la República, profesor Pedro Castillo, se valga de la inmejorable circunstancia global para sentar la posición de su política exterior que, por lo demás, de conformidad con el artículo 118 inciso 11 de la Constitución Política de 1993, tiene el legítimo derecho de exponer en la dirección de lo que considere debe ser orientada nuestra vida internacional.

Creo que, más allá de ser importante que el jefe de Estado participe en foros y cumbres fuera del país -debe seguir haciéndolo porque el mandatario dirige nuestro relacionamiento internacional-, es necesario que en Lima se efectúe un planeamiento previo con exigente mirada prospectiva de lo que se va a transmitir a la comunidad sea subregional, regional, hemisférica o mundial. No hemos visto cuál ha sido el sello de la política internacional del Perú en las Naciones Unidas y eso preocupa porque la ONU está en la mirada de los grandes inversionistas del planeta. Igual que en las tribunas los dirigentes de los clubes más importantes del mundo observando en la cancha el desenvolvimiento de los jugadores para luego acercarse a ellos y ofertar lo que pudiera convenir a sus intereses, alrededor de la ONU se encuentran los capos de las transnacionales que están escuchando atentamente los discursos de los jefes de Estado y de gobierno de los países que integran la ONU, para luego acercarse a ellos, siempre a través de sus diplomacias, para efectuar planteamientos, en la inmensa mayoría de los casos de carácter económico, que seguramente tendrán un impacto relevante para el crecimiento y desarrollo de los países, mirando los intereses nacionales. Nuestra reciente participación en las Naciones Unidas no ha dejado esa impresión. Mientras el presidente Castillo pronunciaba un discurso sin ninguna idea potente como para advertir un sello de su estreno en la política internacional, sus hombres más cercanos en el gobierno y en el gabinete, protagonizaban enfrentamientos políticos con la única directa afectación en nuestra proyección internacional que tanto cuidaba Alberto Ulloa Sotomayor, el más grande internacionalista del Perú en el siglo XX. Las desavenencias públicas y al más alto nivel del Estado, impactan en nuestra imagen internacional y retrotrae drásticamente posicionamiento frente a la comunidad internacional.

Todo lo anterior confirma que no hubo una planificación del viaje. Cuando un jefe de Estado se estrena en el mundo, sus estrategas deben crear las condiciones para que haya una atención relevante por lo novedoso del discurso o mensaje. Fuimos a la VI Cumbre de la CELAC en México, y era la oportunidad para desarrollar la posición peruana sobre las comunidades indígenas en el continente. Nada hubo sobre este asunto central en un gobierno de izquierda en nuestra región. En el marco de la Organización de los Estados Americanos – OEA, el foro político continental más antiguo del mundo, en la ciudad de Washington, se trataba de la inmejorable circunstancia para que el presidente Castillo recuerde los 20 años de la aprobación y firma en el Perú de la Carta Democrática Interamericana – CDI, del 11 de setiembre de 2001, para muchos la segunda pieza jurídico-política más relevante de la OEA, luego de su Carta constitutiva. Nada de ello, más aún si tenemos en cuenta que fue el Perú el creador de dicho instrumento hemisférico que relieva el valor de la democracia en los países de América y califica la denominada ruptura del régimen democrático; y, en el ámbito del denominado multilateralismo por excelencia, debimos insistir en la tesis de que las Naciones Unidas consagre a las vacunas como un bien público internacional para que las vacunas no sean vistas como un negocio por las grandes farmacéuticas en el mundo y para evitar que pocos países la adquieran por cuatro o cinco veces el número de sus poblaciones, dejando sin la posibilidad de ser aplicadas a los habitantes de países pobres en África o en América Latina, siempre a la cola de todo. No se dijo nada. Era la gran oportunidad para que el Perú tenga una vitrina internacional como hicimos con la tesis de las 200 millas en los años setenta en que el Perú, en el marco de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, tuvimos un espectacular liderazgo, hallándonos en la boca de todas las naciones globo, con una tesis que miraba al mar como un espacio relevante por su carácter socioeconómico en beneficio de las poblaciones de los países costeros y mediterráneos. Esa es nuestra realidad internacional. El fuste para nuestra proyección internacional y la del presidente Castillo, realmente no se ha visto.

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