Por: Hugo Ricardo Suyo Medina

Nuestro vínculo con el arte, el goce estético y artístico, es el que nos hace más sensibles y en consecuencia nos convierten en seres más humanos, dentro de una sociedad que parece deshumanizarse cada vez más en los últimos años. En pleno siglo XXI, el consumo de obras artísticas en la ciudad de Arequipa no guarda relación con lo que sucede en otras urbes de las mismas proporciones, de Europa o Norteamérica.

Nuestro propósito es analizar las posibles causas de este fenómeno local, y la poca afluencia a los espacios culturales, galerías de arte o museos. ¿Por qué las galerías de arte en Arequipa no son visitadas con la frecuencia apropiada? ¿El arte acaso no es alimento frecuente y necesario para nuestro espíritu? ¿Por qué no nos hacemos partícipes en la educación artística de nuestro espíritu?

Sabemos que el arte es una de las expresiones humanas más sublimes exteriorizadas en hechos tangibles, la apreciación artística a través de las sensaciones y la percepción visual toca lo más profundo de nuestro ser, el contacto visual que nos genera la experiencia contemplativa frente a una obra de arte se convierte en un goce y disfrute estético a través de la mirada. Por ello, el arte tiene el poder de transformar nuestros sentimientos y nuestra sensibilidad, cambia nuestra visión del mundo que nos rodea y nuestro sentido de la vida misma. En resumen, el arte, la pintura concretamente, es el alimento necesario para el espíritu y con él debemos nutrirlo.

En las dos primeras décadas del siglo XXI, en Arequipa las visitas a espacios culturales, galerías de arte y museos no han experimentado el lógico crecimiento junto a otros factores de la vida material; la innovación y creación artística no han tenido la acogida naturalmente esperada; es más, han experimentado un decrecimiento en comparación con la cantidad de la población existente. Según los datos de INEI, la provincia de Arequipa concentra el 75.3% de la población regional (991 mil 218 habitantes) aproximadamente, pero en cuanto al consumo del arte nuestra ciudad se ha visto reducida tristemente al nivel de una pequeña ciudadela.

El meollo del asunto en cuanto al mínimo consumo artístico local, podríamos afirmar que, se debe a la formación deficiente que recibimos en los niveles básicos de formación escolar. Planteamos esta situación como un problema estructural de las políticas educativas implantadas desde el gobierno. Creemos firmemente en la necesidad de que como parte de la educación integral se impartan asignaturas relacionadas a la humanística como “Apreciación y expresión artística”, en todo el nivel de educación primaria, y que la formación estética, el cultivo de algún arte, la formación del criterio estético, sean fomentados en los colegios secundarios y en las universidades como parte teórica y práctica de sus planes curriculares en nivel básico y como cursos electivos de especialización.

“El consumo artístico tiene que ver con la sensibilidad artística que el consumidor tenga respecto al producto cultural artístico. En estas circunstancias es necesario fomentar el desarrollo de esta capacidad”, nos dice Othón Téllez. En este sentido, en el proceso educativo la adquisición de conocimiento y el profundo estudio de las expresiones artísticas es vital, el reconocimiento de los signos visuales, aspectos formales y teóricos del producto cultural artístico posibilitarán, y favorecerán a futuro, el disfrute y goce estético en el consumidor artístico. La mera contemplación empírica genera cuestionamientos inapropiados en la comprensión del lenguaje artístico, sus géneros y expresiones concretas, especialmente en el campo de las manifestaciones del llamado arte contemporáneo.

La divulgación del producto cultural artístico icónico recae en los centros culturales, galerías de arte y museos en general. Arequipa, considerada como la segunda ciudad más poblada del país, debería de contar con un número proporcional de espacios culturales, pero no los tiene. Mientras que el número de artistas y la masa de producción artística en el presente siglo los hace necesarios. Considero que el déficit es mucho mayor comparativamente con en el siglo pasado. Las manifestaciones y creaciones artísticas se han ampliado gratamente, alejándose en los últimos años del consabido y criticado tradicionalismo característico de arte plástico local. Así pues, impulsar y masificar el consumo del producto artístico en nuestra ciudad es una tarea titánica, ¡pero hay que iniciar ya!

Los espacios culturales, galerías de arte, Museos, así como los promotores culturales seguirán remando incansablemente contra la corriente. De hecho, seguirán apostando para qué el espectador que quiera valorar el consumo artístico pase de ser un aficionado al arte, a convertirse en un verdadero consumidor artístico. Esta es la gran utopía personal, una visión que soñamos para la sociedad arequipeña de cara al futuro cercano.

No podemos negar la falta de museos de importancia y su variedad en nuestra ciudad. No se pide la tecnología y confort de los museos europeos, pero por lo menos que cuenten con el nivel existente en la capital de nuestro país, con apoyo efectivo de parte de los organismos culturales del gobierno a los centros de promoción cultural y galerías de arte arequipeñas, para que los sueños compartidos con la población se vayan convirtiendo en esperada realidad.

Otro factor que debemos tener en cuenta es el gigantesco desarrollo en la era digital que hace ahora de fácil acceso virtual a los espacios que realizan y fomentan cultura en general. Esto podría determinar el crecimiento en el consumo del arte, como se hace evidente en los países desarrollados. En nuestra ciudad esta opción se va incrementando lentamente, pero aún no podemos compararnos con la realidad de la cultura occidental.

En el contexto actual de crisis, “El arte es de las actividades más golpeadas por la pandemia”, nos han hecho conocer desde UNESCO. Es una gran verdad, el mundo del arte ha sido trastocado sustancialmente por la cuarentena, que ha afectado tanto a artistas como a los consumidores del arte. Podríamos decir que esta catástrofe mundial ha modificado las formas de comunicación entre nuestros congéneres; y al mismo tiempo se vio afectado nuestro ya precario consumo artístico local con el cierre obligatorio de todas las instancias culturales. La supuesta vuelta a la normalidad se advierte como una promesa sombría.

En conclusión, a través del consumo del producto cultural, el contacto y la experiencia visual con las expresiones artísticas, nuestro espíritu se enriquecerá con beneficio del bienestar personal. El arte posee el poder de transformarnos, permite que afloren nuestros sentimientos y emociones, y nos va haciendo seres más sensibles, seres humanos íntegros y en consecuencia mejores ciudadanos. Creemos firmemente que nuestra sociedad cambiará de cara al futuro con una educación integral y humanística.

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