Por: José Koechlin

Un país con estas características no puede impedir que su población huya de esas condiciones estructurales, pues no tiene lo más mínimo para garantizar ya no un proyecto de vida, sino la vida misma. Estos migrantes salen de su país en las condiciones más precarias y vulnerables. En cada paso por mar y tierra su integridad física está en juego.

Estos días hemos observado cómo ciudadanos haitianos son ‘cazados’ por las autoridades estadounidenses como si fueran animales o como si estuviéramos en los siglos en los que la esclavitud se permitía. ¿Cómo es posible que una acción de esta naturaleza ocurra en uno de los países que ha basado su prosperidad en la migración y en el que la libertad es un bien preciado? Se les persigue y encierra asociando migración con delincuencia o enfermedades, lo cual refuerza una estigmatización y xenofobia.

Por otro lado, Venezuela, país que alguna vez tuvo los recursos y oportunidades para ser una sociedad próspera, ha expulsado en los últimos cinco años a cerca de seis millones a personas a causa de la pobreza y la falta de garantías para el ejercicio de los derechos. Aunque la migración venezolana se ha asentado principalmente en Colombia y Perú, en Chile ha ido creciendo la comunidad venezolana; se calcula que alrededor de 500,000 personas viven en ese país.

Como en el caso de haitianos en el sur de Estados Unidos, hemos observado en el norte de Chile cómo algunas autoridades con ayuda de una turba expulsa, amenaza y quema las miserables pertenencias de migrantes asentados precariamente en espacios púbicos. Estas actitudes de desprecio, humillación y racismo otra vez se ‘justifican’ indicando que dichos migrantes están vinculados con actividades ilícitas y que muchos llegan enfermos.

En ambos casos, los migrantes son considerados como una carga para el Estado y como un organismo enfermo que debe ser expulsado. Cuando la respuesta más humana es la de la hospitalidad, integración y la responsabilidad del cuidado de las vidas de mujeres, niños y hombres en situación de vulnerabilidad extrema.

La migración es una fuerza que permite buscar o crear oportunidades y hacer germinar vidas más dignas. En vez de ‘cazarlos’ y fomentar ‘piras’, debemos integrarlos, pues, como se ha demostrado con sus remesas, mantienen a sus familias en sus países de origen. Eso lo sabemos bien los peruanos que hemos migrado a las ciudades y al extranjero.

Dejar respuesta

Por favor ingresa tu comentario
Por favor deje su nombre aqui