Por: Carlos Meneses

“Esta es la hora de un cambio indispensable para lograr entendimiento entre peruanos y recuperar la estabilidad política y económica del Perú”.

El país sufre la consecuencia de un desencuentro, de antigua data, entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo que está ocasionando daños graves a la República y que amenaza con reabrirse o empeorar en la medida en que persistan en la comisión de errores los responsables de los poderes del Estado que no encuentran consensos deseados entre ellos. Mientras subsiste la preocupación de que se agraven por la falta de sinceridad de propósitos, de la búsqueda de fórmulas de solución a la epidemia y a la recuperación económica de la República.

Se han dado, recientemente, algunos pasos importantes al reducirse los extremismos de que hicieron gala gobernantes y la sufrieron los gobernados. Sin embargo, hoy día se han vuelto a escuchar voces en contrario de diálogos francos, constructivos, para remplazarlos por negaciones categóricas y negativas.

Persisten en posiciones antagónicas, los que creen que el país debiera iniciar un proceso que amenace con desestabilizar la economía, desalentar la inversión extranjera y nacional e impedir un diálogo que es necesario e inevitable.

Hay quienes creen que un país que se encuentra en la crisis que originó la epidemia, a la que siguió una grave postración económica, no puede llegar a ningún fin positivo y el mejor momento para rehacer los desencuentros ha sido la reforma en el gabinete ministerial, el viaje del presidente Castillo a EE. UU para dialogar con países hermanos y con poderosos intereses económicos.

En tanto, aquí queda un grupo pequeño pero agresivo que pretende cambiar el modelo económico que hemos tenido durante décadas, para que se vuelva a poner en apuros a todos los que creen llegada la hora del fin de la incertidumbre política y económica.

El presidente de la República no tiene alternativa sino es mover todas las bisagras que pudieran encontrase en el camino para abrir puertas a la recuperación, al desarrollo. Sino encontramos ese camino y si no están a la altura de las circunstancias las mujeres y varones que tienen que cumplir un papel en los momentos actuales, tenemos que dar por seguro que no llegaremos a buen puerto.

Esta es la hora de renunciar a beneficios partidarios o a la pretensión de resucitar modelos económicos superados. Es la fecha de la unidad, de la búsqueda de la mejor senda y hay que señalar a quien no cumpla con tarea fundamental a la hora del cambio para que el país tenga plena conciencia de quién tiene la culpa de lo que pueda pasar.

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