Por: Javier Del Río Alba – Arzobispo de Arequipa

A través de un videomensaje difundido por las redes sociales, el Papa Francisco ha pedido que este mes de octubre recemos de modo especial “para que cada bautizado participe en la evangelización y esté disponible para la misión a través de su testimonio de vida”. La misión de la Iglesia consiste fundamentalmente en transmitir la buena noticia del Evangelio a aquellos que no lo conocen o lo han olvidado. Para ello, dice el Papa, “basta con estar disponibles a la llamada del Señor y vivir unidos a Él en las cosas más cotidianas: el trabajo, los encuentros, las ocupaciones de cada día, las casualidades de cada día, dejándonos guiar siempre por el Espíritu Santo”. Si vivimos así, afirma Francisco, nuestro testimonio de vida hará que otros se pregunten: “¿Cómo es posible que esto sea así? ¿De dónde le viene a esta persona el amor con que trata a todos, la amabilidad, el buen humor?”. Entonces, como diría san Pedro, es el momento de anunciar “las proezas del que os ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa” (1Pe 2,9) y “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y respeto” (1Pe 3,15).

Sobre esto último, el Papa Francisco ha hecho bastante énfasis a lo largo de su pontificado: la delicadeza y respeto con que los cristianos estamos llamados a anunciar el Evangelio, sin pretender imponerlo a los demás sino respetando su conciencia y los tiempos que Dios pueda tener para cada uno. Así, por ejemplo, a los pocos meses de ser elegido Papa, escribió: “Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable” (Evangelii gaudium, 14). Y muchas veces ha citado a su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que en repetidas ocasiones ha sostenido que: “La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por atracción; como Cristo ‘atrae a todos hacia sí’ con la fuerza de su amor, que culminó con su sacrificio en la cruz, así la Iglesia cumple su misión en la medida en que, asociada a Cristo, realiza su obra conformándose en espíritu y concretamente con la caridad de su Señor” (Homilía, 13.V.2007).

En la misma línea, en su antes citado videomensaje, Francisco dice que la misión evangelizadora “se basa en un encuentro entre personas, en el testimonio de hombres y mujeres que dicen: Yo conozco a Jesús, me gustaría que tú también lo conocieras” y en que “este testimonio de vida tenga sabor a Evangelio”. En cambio, dijo el mismo Francisco hace un par de años, pecamos contra la misión cuando renegamos de nuestra vocación y “en vez de transmitir la alegría nos cerramos en un triste victimismo…cuando vivimos la vida como un peso y no como un don, cuando en el centro estamos nosotros con nuestros problemas y no nuestros hermanos y hermanas que esperan ser amados” (Homilía, 1.X.2019). Acojamos el pedido que nos ha hecho el Papa para este mes de octubre y pidámosle al Señor que nos conceda la gracia de ser verdaderos discípulos y misioneros de Cristo y llevemos la alegría del Evangelio a tantos hermanos nuestros que la necesitan.

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