Por: Hernando Tavera – Presidente Ejecutivo del IGP

En los últimos 500 años, por ejemplo, la zona costera ha sido sacudida con altos niveles de intensidad con la ocurrencia de más de 35 sismos con magnitudes iguales o mayores a M7.5, que generaron diversos escenarios de destrucción y muerte en cada una de las 10 regiones distribuidas a lo largo de la costa. Ahora, con la moderna Red Sísmica Nacional, el IGP reporta cada año la ocurrencia de cerca de 1,000 sismos cuyos sacudimientos de suelo fueron percibidos en superficie por la población.

Si consideramos que los sismos son una de las manifestaciones más claras del proceso evolutivo del planeta Tierra, estos seguirán sucediendo de manera cíclica; por ello, si en un lugar ocurrió un sismo, este se repetirá con la misma magnitud y producirá en superficie los mismos niveles de sacudimiento del suelo; entonces, lo único que ha cambiado en el tiempo han sido las áreas urbanas que han ocupado más espacios y el incremento de la población. En estos nuevos escenarios, el riesgo de cada una de las ciudades peruanas se ha incrementado notablemente.

Sin embargo, la ciencia ha seguido buscando la manera de identificar la ubicación de las zonas en donde, con la mayor probabilidad, debería ocurrir un sismo en el futuro. Atrás quedaron los conceptos de lagunas o silencio sísmicos, así como el de asperezas, para dar lugar a uno nuevo y mucho más cuantitativo y exacto: las zonas de “acoplamiento sísmico”. Si las placas de Nasca y Sudamericana desarrollan continuamente, sobre sus superficies de contacto, procesos de acumulación de esfuerzos y deslizamientos sin detenerse, se dice que las placas no están acopladas, pero si los esfuerzos se acumulan sin desplazamientos, se dice que existe una zona de acoplamiento sísmico.

En este caso, los esfuerzos deben acumularse en el tiempo hasta vencer la resistencia de las placas al movimiento, o lograr su desacople; entonces en estas áreas acopladas ocurrirá un sismo de gran magnitud. En la zona costera del Perú, las áreas de acoplamiento sísmico han sido identificadas frente a la región Lima, donde probablemente esté acumulado esfuerzo y deformación desde 1746, que puede dar origen a un sismo de magnitud del orden de M8.8. En igual situación se encuentra la zona costera de Nasca-Chala y Moquegua-Tacna, pero en estos casos los sismos podrían tener magnitudes de M8.0.

Con este importante aporte del Instituto Geofísico del Perú, se espera que las autoridades y los tomadores de decisiones, en un trabajo conjunto con la población, logren prepararse con responsabilidad para el próximo sismo, que aunque no quisiéramos que ocurra, ocurrirá. En el IGP seguimos haciendo ciencia para protegernos, ciencia para avanzar.

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