Por: Ayar Peralta

Articulo elaborado con motivo de la construcción de la iglesia de Challaguayo de Omate, en Moquegua, Perú.

A mis cuatro años mi abuelita Ignacia que tenía una tiendecita en el callejón Loreto de Arequipa, que después los describiremos, me dio a probar un pedacito de pan que era muy diferente al pan arequipeño, era medio duro y algo dulce, come, me dijo, es pan de Omate. Habrían pasado unos treinta años para que volviera a probarlo, mi lengua rápidamente reconoció el sabor, no es pan con miga blanda. No. El que lo prueba no lo olvida jamás.

El Callejón de Loreto comienza en el puente Bolognesi y termina en el puente Fierro. En mis recuerdos infantiles todo era muy tranquilo y hermoso. Pocas casas, muchas huertas, sequias de regadío, pasaban animales de campo, caballos bueyes, carneros etc. y también chacareros (hombres de campo). Guardo un recuerdo inocente e inolvidable. Una mañana con mi primo Justo Díaz estábamos sentados en el borde de una chacra en la que había toros y vacas, de repente vimos una escena lejos de nuestra inocencia. Un toro se subió sobre la espalda de una vaca. Yo estaba iniciando la primaria, no recuerdo si fue al día siguiente que la profesorcita nos pidió un dibujo libre. A mí se me ocurrió presentarle lo que había visto. Muy prudentemente no dijo nada, pero si llamo al director del Colegio (Centro Escolar 951), señor Barrientos. Hasta ahora me acuerdo de él con mucho respeto, su señora, la señora Eufemia, también fue mi maestra y un hijo suyo, Ernesto, fue mi condiscípulo en la carrera médica. Volviendo al tema, el señor Director también me pregunto lo mismo. Ambos profesores no me dijeron nada, ni pretendieron escandalizarse, se portaron muy docentes. Que lindos.

En ese mismo callejón de Loreto a los 5 años empecé a aprender Literatura ¡Cómo? En la puerta de nuestras casas corría una sequía y para entrar a nuestros hogares habían puentecitos sobre los cuales nos sentábamos para escuchar a un amiguito mayor que nos contaba cuentos .No sé si los había leído o se imaginaba, pasados los años lo calificó como un talento. Lo conocíamos como el “Juan Baldárrago” ¿De donde era, nunca lo sabré?

Pasados los decenios, ya como médico, lleve a mi papá Antero y mamá María a Europa. Los trámites eran engorrosos o mejor difíciles, había que hacerlos en el Banco de la Nación, el que entregaba una constancia para que el Banco Popular entregara 400 dólares por persona. Mi papá estaba por los 80 años y estaba delicado de salud, mi mamá casi igual. No podían estar en los ajetreos. En el Banco de la Nación me atendió un joven muy educado y servicial. Le pregunte su apellido y me dijo Baldárrago. El viaje fue con éxito, casi con felicidad. Habría pasado unos tres o cuatro años, cuando entre los pacientes que atendía en el Seguro Social estaba un señor que rápidamente lo reconocí, él también me miraba y pretendía sonreír. Yo le dije: “Usted no es el señor Baldárrago que me atendió una vez en el Banco de la Nación…”, Recién sonrió. Fue un placer atenderlo. Se curó de su dolencia. ¿De donde era ?. No llegue a preguntarle.

Cuando estaba en la cumbre de mi especialidad mi secretaria Eva, me presento un pacientito que necesitaba operarse de la próstata, que era su tío. Lo interne en la clínica San Juan de Dios. Al hacerle el papel del alta me dijo que se llamaba Gumercindo Baldárrago y que era de Omate. (Tercer Baldárrago que conocía en mi vida, primero fue el niño que nos contaba cuentos, segundo el del Banco de la Nación y tercero este pacientito). Después los Baldárrago aparecieron como en procesión.

Una tarde, de esas que solo hay una vez en la vida, Eva me dijo que su mama Doña Juana Guerra de Baldárrago me invitaba conocer Omate. Acepte. Hicimos el viaje en ómnibus, que tenían nombres según los propietarios: “la Viuda, don Victor, Israel”. Para mí todo era turismo puro, todo era novedoso. Los pasajeros, creo todos paisanos, se saludaban como viejos conocidos. Compraban las cosas que necesitaban en las diversas tiendas que hay en el barrio IV Centenario. Primera vez que yo viajaba al sureste de la ciudad, nos dirigíamos al sur del Volcán Pichupichu, pasamos por el camino que va a Chapi, a Sabandia, a Characato, Mollebaya, Pocsi, Totorani (donde creo que hay un “control”, para revisar que no lleven fruta contaminada es por el límite entre Arequipa y Moquegua), luego vine una larga pampa llamada Uzuña, donde poco a poco va desapareciendo la campiña arequipeña y empiezan los pastizales. Es impresionante ver el volcán Pichupichu por su parte sur, es puntiagudo, deben ser pocos los andinistas que han subido por este lado. Luego se empieza a descender, en la lejanía se ve la vegetación, es el inicio del hermosísimo valle de Omate.

La carretera poco a poco se ha ido asfaltando. El viaje que antes duraba unas siete horas, creo que ahora lo hacen en cinco. Al final se ve un valle plano, completamente verde entre dos cerros Su dimensión aproximada es de unos 5 o 6 Km. de ancho y el largo hasta donde llega la vista. Desde el comienzo llama la atención unos frutos amarillos que cuelgan de los árboles, son limas, después hay varios tipos de árboles, higos, duraznos, uvas, paltas y otras que no conozco.

En la calle 3 de abril hay un hotel Municipal y más abajo otro más grande de varios pisos, Hay dos colegios uno llamado Mariscal Domingo Nieto y otro mixto. Después me llamó mucho la atención el parecido con Arequipa, chacras, huertas. La gente conoce a los vecinos: algunos ya no están en este mundo: bajando hacia las chacras esta la señora Colunga, más abajo don Casimiro, al frente don Antonio, en el crucero donde hay una cruz vive la señoraa Sofía, y más abajo don Fermin, la señora Hermelinda esposa de don Ricardo. Doña Manuela Pastor esposa de don Gumercindo Baldarrago, Hernán Valdivia, “en el cruce” vivió doña Juana Guerra de Baldárrago que tuvo varios hijos, Fredy, Ely, Uber, Mery, Eva y Rosita, varios de ellos viven en el extranjero.

Camino a lo que llaman San Miguel hay un barranco que da a un rio donde vivía don Hernán Atencio y su señora Apolonia, vivía con su hijita Yanecita, me acuerdo de Yaneth Gutiérrez y su habilidad para prender la cocina “la concha” con ramitas del campo y preparar el desayuno, era una atleta subiendo andenes y cerros, ahora es mama. Cada porción de la campiña de Omate tienen nombres particulares: Challaguayo. Lindaypampa, Sabaya, San Francisco, Cogri, Laje… etc.

En mi primer viaje a Omate me llamó la atención que los árboles higueros se entrecruzaban en el camino y los frutos higos, estaban en el suelo, La gente caminaba por encima y no le daban importancia, no era por desprecio sino por la abundancia. En Omate no he observado mendigos. Si tienen hambre estiran el brazo y encontraran algo de comer. ..

En otro viaje yendo a la casa de don Hernán pasamos por un árbol “llenito” de duraznos blancos, Eva que nos acompañaba empezó a sacar y darnos de comer, me llene con unos 4, ¿a quién pago?, pregunte. Me miraron con ojos raros. Otro día con un amigo forzudo, atleta fisicoculturista, en otra huerta vimos hartos duraznos rosados, maduritos empezamos a comer, yo para pretender tomarle el pelo recogí del suelo y se los di, igual se los comió. Los dueños de la huerta me llamaron la atención “no haga eso”. Esa fruta del suelo es para los chanchos. Aprendí, Nunca más.

Dirigiéndonos al otro lado de Omate, digamos al norte, hay otro camino también sinuoso, igual entre gran cantidad de campiña y huertas hasta llegar a un pueblo que se llama Quinistacas, donde hay una iglesia grande, famosa porque dicen que hacen unos 500 años a raíz de un movimiento telúrico, probablemente la erupción del volcán Huaynaputina, se derrumbó, la reconstruyeron y la llamaron Iglesia del Señor de la Piedades, dicen que trajeron esta imagen desde España. Al pasar por Quinistacas vi un consultorio dental de un doctor Ciña. Creo que es el único.

Los omateños tienen costumbres muy especiales: Cuando don Gumercindo falleció, pasados los noventa años. Con mi esposa fuimos al velorio, allí nos encontramos con una de sus hijas, una señora llamada Dora Baldárrago Pastor de Plant, pongo su nombre completo porque quiero resaltar su doble nacionalidad, está casada con un señor inglés, más de 40 años, tiene hijos y nietos, todos nacidos en Inglaterra. Sé que esta señora viene a visitar a sus padres frecuentemente, pero me llamo la atención el tono de voz, su vestimenta que no ha cambiado nada, es una omateña más. Después de darle el pésame me disponía a retirarme y ella me dijo no, más bien pasen al comedor. En efecto estaba preparada una “chanfainita”, muy rica, que nunca he vuelto a comer, pero observe que eran hartos los que estaban en las mesas, unos se levantaban, otros se sentaban.

Al día siguiente fuimos al cementerio para el entierro. Uno de los nietos oradores agradeció y al termino de sus palabras invito a todos los concurrentes a “Lindaypampa”, es decir que vuelvan a la casa donde vivió el difunto. No tuve cara para volver a la casa de los dolientes. Pero vi que todos iban, Como no fui, mi esposa, “omateña” estaba muy seria, le pregunte ¿porque estas así……? Me respondió que así es la costumbre, pero no solo un día, sino varios días.¿Sera cierto?.

Otra vez fuimos en la fiesta de “Todos los Santos”. Como siempre, todos al cementerio. Un sobrino de Eva, Julito Saavedra Baldárrago nos invitó a cenar. Di un no rotundo y con mi señora fuimos al pueblo buscando un restaurant, no había ninguno abierto “Todos están en el cementerio” me dijeron… Me cruce con estudiantes turistas que buscaban una tiendecita para comprarse pan y un “atuncito”. No entendían que había que ir al cementerio para buscar un plato de comida. Inmediatamente volvimos a la casa de Julito y felizmente que aún quedaba sopa en la olla.

En Semana Santa hay otra costumbre especialísima. “Las Pozas”. En el centro de las calles de Omate hay unos huecos profundos, quizás de metro y medio, sirven para introducir en ellos, como bases, troncos largos de madera, digamos postes, luego sin cemento ni clavos solo con cabuyas y sogas los amarran y en el centro de ellos ponen gradas (bancas) de madera, y sobre estas gradas ponen telas y después las imágenes religiosas. La altura de estas columnas será pues de unos 30 metros. Y quienes se encargan de estos trabajos los que llaman “Poceros”, quienes corren con los gastos. Serán uno 20 o 30 hombres a los que hay que alimentar con suculentos almuerzos y las procesiones toda la semana y la más grande la del viernes santo que demora varias horas…… Yo preguntaba ¿Y si se acercan otras personas que no han trabajado, también les dan el almuerzo? Si. Me respondían con cierto desdén. Creo que nunca se ha dado el caso de los vivos. Todos se conocen.

Al último se llega a un pueblo llamado Anexo Challaguayo, que tiene una pequeña iglesia algo derruida y los pobladores del lugar se han propuesto repararla, para lo cual están haciendo diversas actividades.

En Challaguayo he conocido a don Miguel Álvarez y su esposa Domitila Choque, a su hija Luz Marina casada con Jhonse otras hijas son Yulissa, Lendy Miguel Ángel, casi todos profesionales, hay dos nietecitos. En este hogar he pasado horas muy felices, son cariñosos y la señora Domitila es virtuosa de la cocina. Una autentica madre, señora de casa.

Hay varios apellidos notables en Omate, no tengo el honor de conocerlos. Apazas, Yuen, Oviedo, Rodríguez, Quintanilla, Farah, Luna, Álvarez, Atencio, Valdivia etc. etc. Creo que los Farah merecen unas líneas adicionales, no conozco a ninguna de ellos, excepción de la doctora Bertha que fue mi alumna en la Facultad de Medicina. Su papa don Alberto Farah, fue alcalde varios años e hizo muchas obras. Hace algún tiempo, pase fugazmente por Omate y vi frente a la oficina municipal un señor que reclamaba en la calle por las obras que no hacían las autoridades. Hace pocas horas escuche por televisión a una niña de 10 años que cantaba muy bonito, hizo emocionar a los jurados, decía provenir de Omate y llamarse Grazzia y que su papa había muerto ¿Quién era? justamente el señor que escuche reclamando frente al municipio. Tiene un hermano de unos 16 años llamado, Antonio, es un futuro líder.

Hay un personaje muy llamativo para mí, le dicen “el chino”. Es una especie de taxista, delivery, etc. Son muchos años que hace ese trabajo, recorre todo Omate, de este a oeste, llevando pasajeros, haciendo encargos, transportando encomiendas etc. Dicen que ya es abuelo, pero se lo ve bien conservado creo que mejor que su combi.

Eva Baldárrago es mi esposa, señora y jefa. Tenemos una hijita que cuando tenía unos cinco años visitamos a don Gumercindo y ella se alojó en una familia vecina de la señora Nena Valdivia, muy amiga de Evita, que también tenía una hijita, Dayelita, de igual edad, congeniaron inmediatamente y no quiso retornar con nosotros al hotel. Se quedó a vivir con ella varios días, aprendió varias costumbres: como recoger los huevos que ponían las gallinas, dejando siempre uno, para que la gallina no abandone el nido, ir al campo llevando los animalitos para coman (lo que llama pastear), creo que caminaban a veces sin zapatitos, hasta llegar a un huerta, propiedad de la mama de Eva que se llama Sabaya. Creo que esta criatura nunca fue tan feliz, al atardecer la llamábamos para que se regrese con nosotros, no quería. Pasados los años, aunque viven en ciudades prácticamente distintas, siempre se acuerdan una de cada una. En su mente hay vivencias, de subidas, bajadas, callecitas que no logro ubicar. Nuestra hijita se ha educado en un colegio peruano-alemán, como deportista nadadora ha competido en varios países de Sudamérica y Europa, tiene más de 50 medallas entre oro, plata y bronce. Ahora estudia Medicina. Tiene carácter y es muy decidida, pero es dulce, modesta y muy sentimental. Hace unos años, cuando ya era una jovencita. Le dije: ¿Tu eres medio omateña no?. Ella me miró fijamente y me respondió “SI, a mucho orgullo”.

DATO

En resumen: Omate para mí, es un paraíso, no hay mendigos, y creo que no se pasa hambre. Porque el omateño es muy trabajador. Se come ricos, camarones, chicharrones, cuyes, conejos, cerdos, pavos, patos etc… Más el riquísimo “pan de Omate” que fue lo primero que comí a los cinco años, las guaguas, las empanadas de queso los bollos, el vino, el pisco, el chimbango, las paltas, damascos, chirimoyas, limas y muchas frutas más, tienen de todo como para exportar (por eso, en secreto pienso que Omate debería ser parte de Arequipa).

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