Por: Hugo Cervantes Castillo – Abogado

Cuando antes de partir rumbo al sur y, contra el destino, como diría José Santos Chocano, se ofreció al Comandante del Huáscar, un banquete en el club nacional. A la sazón, ya estaba persuadido el héroe, de que atendida la inmensa superioridad bélica del enemigo, tarde o temprano había de sucumbir. Para entonces, sus hazañas eran conocidas en todo el mundo, pero juzgo propicia la oportunidad, para referirme a la batalla de Iquique, en que Grau hunde a la nave chilena Esmeralda, muriendo en la refriega Arturo Prat, comandante del navío en referencia. Con tal motivo, el héroe peruano se apresura en dirigir a la viuda de Prat, una nobilísima carta “acompañándola en su duelo”, y precisando que su esposo murió, “víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria”.

Las palabras transcritas, pintan al héroe peruano de cuerpo entero; elogia el valor de héroe chileno y acompaña a la viuda, en su congoja. Más todavía: le envía a la doliente dama, entre otras prendas, el anillo de matrimonio, el reloj y la espada de Prat.

La viuda de Prat, por su parte, respondió a la carta de Grau, agradeciéndole la nobleza de su gesto, y reconociendo que Grau, “tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo, poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario…un jefe semejante, un corazón tan noble…” Y, precisamente, por ser tan noble, Grau ordenó a sus hombres, proceder al salvamento de los marinos chilenos. Este hecho, recuérdese bien, no ha sido desmentido por ningún historiador chileno.

Se supone pues que lo sublime de la conducta de Grau, con la viuda de Prat y los náufragos del Esmeralda, debía generar en Chile, un caballeroso deber de corresponder, grandeza con grandeza. No se ha producido tal respuesta. Chile recibió con sumo agrado, la entrega del Huáscar; pero se ha negado a devolvernos el Huáscar, también trofeo de guerra. Pero, que digo se ha negado; ¡no se lo hemos pedido! Que yo sepa, Perú nunca le ha hecho a Chile, cuestión de Estado, por la repatriación de EL Huáscar. Al parecer, nuestros diplomáticos piensan que tal reclamo, seria lesivo a la dignidad nacional. ¡Pobre y disparatada conclusión! El Perú no estaría mendigando una limosna inmerecida. ¡Va a exigir una retribución a la generosidad de Grau!

La magnanimidad de Grau, puso a Chile, en una obligación ineludible: trocar trofeo por trofeo. De otro modo la milicia chilena, estará demostrando, que no tienen “el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo” como lo dice la viuda de Prat.

Hay que decir que Perú, después de aquella guerra infausta, debió hacer de la devolución del Huáscar, la piedra de toque de nuestras relaciones con Chile. Su dignidad, así se lo exigía; y, con mayor razón, si posteriormente, la belicosa conducta chilena, mostro la inquina perpetua que siente por el Perú. En efecto, con gran visión de futuro, combatió la proyectada Confederación Peruano-Boliviana de Santa Cruz y envió al general Bulnes al mando del ejército Restaurador, que derrotó a Santa Cruz, en la batalla de Yungay, Chile temía la formación de un Estado muy grande, en su frontera norte. Posteriormente, enfrascado Perú en guerra con Ecuador (conflicto del Cenepa) y nombrado Chile, por la OEA, garante de la paz, en vez de buscar esa paz, suministró armas a Ecuador con asesoramiento militar. Posteriormente nos han disputado, de mala fé, la patente del pisco; y, producido el fallo de La Haya, como los límites precisados en el mismo, pretextando un desacuerdo, se adueñaron de un triángulo de dos hectáreas, mostrando así “el inmenso aprecio que sienten por el Perú”. Pero hay más todavía; para amedrentarnos, Chile hacía maniobras militares a la frontera con Perú, naturalmente; pero desde que se suscribió la Alianza del Pacifico (suscrita por Colombia, México, Perú y Chile) esas maniobras “han desaparecido misteriosamente”. Se rumorea que Chile tiene sumo interés en que Perú le venda energía, para industrializar y poblar el yermo norte chileno. De ahí su “amistosa” conducta actual con Perú.

Y, aquí viene la gran pregunta: ¿Ignoran los cancilleres y diplomáticos peruanos que Grau, con sus actos, creo para Chile, la obligación moral de corresponder nobleza con nobleza, y devolvernos el Huáscar a cambio de la espada de Prat, que le entregamos sin que lo pidieran?

No lo ignoran, ciertamente; sino que primero piensan en sus bolsillos, y después viene la patria. Esa conducta, ya es religión en Lima.

¿Qué hacer entonces? Sincerar, simplemente, nuestras relaciones y dejar de lado la hipocresía. NO vayamos a la guerra, pero situemos las mismas en el plano puramente financiero y comercial. Nada de embajador de Perú en Chile, Bolivia, ya nos dió una lección de dignidad: hasta llegó a romper relaciones con Chile. Nos toca acabar con esta vergüenza de más de 140 años. ¡rompamos el pacto infame de hablar a media voz! No olvidaré de citar las palabras de Grau al concluir el banquete aquel: “Todo lo que puedo ofrecer en retribución de estas manifestaciones abrumadoras, es que, si el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré”. ¡Y no regresó!

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