Por: Ariel Jolo

El mundo tecnológico siempre brilló por su ambición. En el 2007, un señor de polera negra presentó una pantalla sin botones y dijo que era el primer celular inteligente. No hace falta nombrarlo para saber quién es y entender todo lo que sucedió en los años siguientes. El primer iPhone modificó para siempre nuestros vínculos con las pantallas. Pero me interesa detenerme en cómo se llegó hasta ahí. “El hombre nuevo no es aquel que ha sido producido por el Smartphone, sino el que inventó el Smartphone”, dice el filósofo Alessandro Baricco.

Parafraseando su libro The Game, la revolución digital no vino de la teoría política o de los movimientos sociales sino de personas con ideas mucho más pragmáticas, reunidas principalmente en una región de Estados Unidos que ahora es famosa: Silicon Valley. Desde entonces, la capacidad del mundo IT para solucionar problemas –incluso sociales– no se ha detenido.

En un contexto de economías golpeadas por la pandemia, altos índices de desempleo e incremento de la digitalización, los programadores pueden resolver algunos de los problemas de Latinoamérica. ¿Suena ambicioso? Así se gestaron los grandes avances de la tecnología.

En primer lugar, el desafío de la transformación digital. En el 2022, el 65% del PBI mundial estará digitalizado, según un informe de IDC, y la migración requiere de personas idóneas. De acuerdo con una reciente encuesta de Glue Executive Search a 600 CEO de la región, el 81% sostuvo que sus compañías atraviesan el proceso de transformación digital. ¿Dónde están esas “personas nuevas” capaces de pensar y desarrollar este mundo?

En segundo lugar, las amenazas de los ciberdelitos. No cabe duda de que vender en un ecommerce, desarrollar una nueva app, ofrecer información en tiempo real o solucionar problemas con inteligencia artificial son excelentes oportunidades de negocio. Sin embargo, los beneficios también traen sus riesgos. Los ataques cibernéticos durante los primeros 8 meses del 2021 se incrementaron interanualmente un 24% en la región, según un informe Kaspersky. En México, por citar un ejemplo, hay 299 ataques por minuto.

Como consecuencia de estas primeras dos, hay una alta demanda por profesionales. Con esto, se solucionaría un tercer problema: el desempleo. Algunos países ya tomaron cartas en el asunto ante esta creciente demanda e implementaron ciertas iniciativas; que podrían ser mejores, pero al menos demuestran un interés por potenciar el sector. El Ministerio de Producción de Perú ofrece 200 becas para bootcamps, un formato de capacitación intensiva. En Argentina, donde se estima que hay 9,000 puestos sin cubrir, se lanzó un programa de dos etapas que se inicia con 60 horas virtuales para personas desempleadas. La lista podría seguir.

Uno de los grandes beneficios de la industria IT son las bajas barreras de ingreso: las organizaciones no solicitan títulos universitarios, sino habilidades, experiencia y adaptabilidad en escenarios volátiles. Ya estamos hablando de que la industria IT no solo resuelve cuestiones técnicas, sino también problemas estructurales de Latinoamérica.

El desafío que tenemos por delante no es menor: crear y diseñar los mundos en los cuales navegaremos durante los próximos años. De yapa, se solucionarán algunos de los problemas de Latinoamérica.

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