Por: Mariana Escobar – Representante de la FAO en el Perú

Dos de las especies más cultivadas de algodón se domesticaron en América y una de ellas –Gossypium barbadense– en las costas del Pacífico de Sudamérica, que hoy es el Perú. Esto habría comenzado hace unos 8,000 años y no ocurrió al azar sino que responde al conocimiento y desarrollo tecnológico del Perú prehispánico, logrando variedades de colores, fibra extralarga y finura extraordinaria. El algodón y la textilería forman parte del ADN del Perú: un manto Paracas es apenas una muestra de ello. Cuando el Perú exporta textiles, también transmite historia e identidad cultural.

Tras el algodón hay personas como doña Rosa Farroñan, de Lambayeque, quien viene protegiendo de la extinción a los algodones nativos y preservando técnicas ancestrales de hilado y tejido. Ella dice: “los mochicas aún vivimos, somos una cultura viva”. También tenemos a Marité Nieves y Karina Zúñiga, jóvenes profesionales del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), comprometidas con la innovación productiva. Juan Lazo y Pedro Reyes, experimentados fitomejoradores que vienen trabajando en nuevas variedades de algodón Pima, cuya fibra es de características premiun. El recurso humano tras la producción de algodón y en general la industria textil son activos muy importantes para el país, y por ello deben ser reconocidos y fortalecidos.

El algodón peruano compite con la producción de 12 países en un segmento exclusivo de fibras extralargas que representa al menos el 1% del mercado global; el algodón Pima peruano participa con el 1.3% de este. El algodón Tangüis tiene un importante potencial en su recurso genético, el cual, de ser mejorado, podría entrar con una seria ventaja competitiva a los mercados.

La producción de algodón en la actualidad está en manos de unos 8,000 agricultores familiares, principalmente de Ica, Lima, Lambayeque y Piura. De hecho, el proyecto +Algodón, financiado en el marco de la cooperación sur-sur trilateral, y ejecutado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC) y el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) desde hace 5 años promueve paquetes tecnológicos para incrementar la productividad. Además, se alterna la producción de algodón con cultivos alimenticios como arroz, maíz, frejol, pallar, caupí, hortalizas, entre otros, con una perspectiva de manejo integrado de cultivos, demostrando que no se compromete la seguridad alimentaria ni el medioambiente. Por el contrario, los complementa y refuerza; convirtiendo la producción de algodón y alimentos con manejo adecuado de los recursos naturales en una oportunidad de generar rentabilidad de manera sostenible.

La productividad no será suficiente por sí sola. La apuesta es llegar a los mercados con novedosas propuestas de valor, como son el proyecto piloto “Trazabilidad para prendas y calzado sostenibles” de la Comisión Económica para Europa (Unece) y el International Trade Centre (ITC), en alianza con el proyecto +Algodón. Mediante el uso de tecnología blockchain y marcadores moleculares es posible atender las demandas del consumidor final, cada vez más exigente, con el origen y las prácticas sostenibles de la industria de la moda. Participan en el piloto la Cooperativa Agraria de Servicios Múltiples Tallan-Chusis Ltda. (Costach) de Piura, y la empresa textil Creditex, reconocida en el mercado internacional y que tiene la mayor integración vertical del país. Este piloto se inicia con 10 toneladas de fibra de algodón para producir una colección cápsula.

Actualmente, el precio internacional favorece la reactivación del sector algodonero peruano, superando cotizaciones de hasta US$ 3/libra (normalmente entorno a US$ 1.27/libra). El trabajo conjunto del sector privado y el Estado deberían fortalecer la oferta local de algodón sostenible para atender a la industria nacional, que importa algodón por un valor de US$ 15 millones. Para ello es imprescindible el apoyo a la agricultura familiar algodonera mediante una producción planificada y basada en agricultura por contrato, créditos oportunos, estímulos a la exportación y el consumo nacional, asistencia técnica y extensión rural, innovación y una cadena que comparta los riesgos y beneficios, basada en principios de comercio más equitativo y enfocado al consumidor.

Considerando el contexto favorable, el Perú podría incrementar su participación en el mercado internacional, considerando que la capacidad instalada de la industria nacional no es una limitación en el corto plazo. La industria ha mostrado la voluntad de articularse con la producción familiar de algodón, lo que permitirá el relanzamiento comercial.

Este accionar con visión de cadena requiere de un entorno de políticas públicas propicias. En ese sentido, el relanzamiento de la cadena textil y confecciones se alinea con la Política General de Gobierno para el período 2021-2026 y con lo dispuesto en el marco de la Segunda Reforma Agraria, específicamente con los ejes que promueven la competitividad y su integración a los mercados internacionales; el fortalecimiento de capacidades productivas y la dinamización de las economías regionales y locales; y abordan el desarrollo agrario y rural, especialmente en un contexto de reactivación económica pospandemia.

Finalmente, podemos decir que el país tiene condiciones para alcanzar una mejor producción de algodón de alta calidad, sin afectar una mejor nutrición, promoviendo un mejor medioambiente y lograr una vida mejor sin dejar a nadie atrás.

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