Por: César Gutiérrez – El Montonero

Los pronósticos que se han hecho sobre la economía peruana para el 2022 son variados, por un lado parecen auspiciosos cuando se habla de inflación del orden del 2.6% y una devaluación del 3.7%, que significaría un dólar de 4.25 soles para fines del próximo año. Sin embargo, luego vienen las malas noticias, cuando se refiere un magro crecimiento del PBI de 3.4% y un crecimiento nulo de la inversión privada.

En el escenario planteado no se ha considerado dos variables que pueden dar un resultado divergente y en sentido negativo: el efecto de la variante ómicron del Covid y el desenlace en el conflictivo terreno de la política.

Sobre la variante ómicron, el Ministerio de Salud tiene que trabajar intensamente en la campaña del cuidado de las personas en su interacción diaria y de la vacunación. Está clarísimo que ya no se nos puede confinar como lo hizo el gobierno de Vizcarra, pues nuestra economía se deterioraría en demasía, hay que evitar que el contagio se propague. No es nada fácil evitarlo, lo que viene ocurriendo en Europa y Estados Unidos, es para tenerlo en cuenta. Aquí el gran problema que tenemos es la escasa capacidad hospitalaria.

En política, la situación sí que es muy delicada, tenemos a un Presidente demasiado desacreditado, no solo por todos los casos presentados por las visitas en Palacio de Gobierno y del domicilio del jirón Sarratea en Breña, sino también por la calidad de los funcionarios que designa en altos cargos y por sus limitaciones de conocimiento y de capacidad de decisión para ejercer la Presidencia de la República, lo que genera una alta incertidumbre sobre su permanencia en el cargo.

La precariedad presidencial da pie a que haya permanentemente una actitud de vacancia, que viene de dos frentes: la derecha y la izquierda caviar capitalina. Desde la derecha, que se circunscribe a Fuerza Popular (FP), Avanza País y Renovación Popular (RP), su posibilidad de echar a Castillo está muy mellada. Si bien es cierto que el fujimorismo se ha mostrado sólido en las votaciones en el Congreso, las recientes críticas del líder de RP, Rafael López a la capitoste de FP, Keiko Fujimori, debilita a la oposición. A esto se suma la renuncia de Hernando de Soto al partido que lo postuló a la presidencia, Avanza País. Si juntos los tres partidos mencionados no contaban con los 87 votos para vacar a Pedro Castillo, divididos ni pensarlo.

Desde la izquierda se identifican tres corrientes: 1) la radical de Vladimir Cerrón, 2) la ligeramente más moderada que tiene dos conductores: Marco Arana y Verónika Mendoza, que tienen representantes en el gabinete ministerial, y 3) la capitalina, que no tiene mayores diferencias en el tema económico que la derecha y que matizan su posición, con discursos ambientalistas y de ideología de género, hoy fuera del poder e impulsores de la vacancia presidencial, teniendo expectativa de reemplazarlo por Dina Boluarte, para manejarla con la promesa de blindarla judicialmente, ya que tienen influencia en la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público y el Poder Judicial.

En la pugna por el desenlace, las huestes de Vladimir Cerrón en el Congreso, puede terminar votando en línea con la derecha y dependerá de los votos del partido de César Acuña para que el actual mandatario se mantenga en el cargo. Por su parte, la izquierda capitalina, tiene poder mediático y gran ascendencia en el aparato judicial, un pantallazo puede devenir en precipitar la renuncia del mandatario, es la herramienta con la que cuentan.

Se espera que antes del cierre del año se tenga un nuevo gabinete, dependerá mucho de su conformación para tender política de alianzas que es lo único que puede dar continuidad al gobierno.

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