Por: Ricardo Montero Reyes

Prosperidad ha dejado de ser la palabra más utilizada en los saludos por año nuevo. El término ya no es de uso común por hombres y mujeres en cualquier punto del mundo. Ahora, la mayoría recomienda cautela, atención, vigilancia y otros términos que inciten a prevenir males sanitarios, como el covid-19, o a evitar contratiempos económicos, como endeudarse excesivamente.

Difícilmente estamos usando palabras positivas para describir los 365 días que hemos comenzado a transitar. En España, una encuesta reveló que “desastre” y “caos” son las palabras más usadas para definir el 2021. No conozco un estudio similar en el Perú. Pero es probable que, de efectuarse, la mayoría de los peruanos se pronuncie en forma similar.

Las poblaciones en todo el mundo tienen dudas políticas, económicas, sociales. Y las dudas generan desconfianza. Y la desconfianza alimenta el temor de encarar un futuro caótico.

Así, tenemos que la pandemia de covid-19 ha aumentado y ha profundizado los muchos problemas que ya enfrentaban los trabajadores. Esta situación ha generado un mercado laboral más complejo e incierto, en el que se han alterado las reglas de juego o ya no se aplican.

Por ello, los ciudadanos en general reclaman mayor y mejor información para entender qué está sucediendo y así determinar cuál debe ser su comportamiento. Será muy difícil detener esta ansia por conocer y estar al tanto de lo que acontece.

Es claro, entonces, que está llegando a su fin el ordenamiento político, económico y social instaurado desde la Segunda Guerra Mundial. Nos encontramos en plena transición hacia un período en el que será incontenible, aun en dictadura, detener el flujo de la información pública y privada. Por tanto, existirán más ciudadanos dispuestos a exigir cambios, una era en la que como bien anota el Foro Económico Mundial tendremos que definir qué tipo de capitalismo es el que queremos desarrollar.

En los dos últimos años hemos vivido los más duros momentos del siglo XXI. Y en el 2022 los problemas seguirán ahí, robusteciéndose. No obstante, el Foro Económico Mundial ha querido mirar con mayor tranquilidad el futuro, pues ha venido repitiendo que “la pandemia representa una oportunidad, inusual y reducida, para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestro mundo y forjar un futuro más sano, más equitativo y próspero”.

Ese contexto se podría utilizar para plantear un nuevo pacto social. Lo contrario mantendrá los ineficientes sistemas de salud y de educación, la profundización de la crisis laboral y de la desigualdad económica, social y digital, y el crecimiento de la desilusión juvenil.

De poco nos ayudará la recuperación de los índices macroeconómicos si no propiciamos el diálogo, la transparencia informativa y la tolerancia. El escucharnos unos a otros nos salvará, lo contrario nos hundirá. Ni siquiera tendremos necesidad de mirar hacia arriba para descubrir la amenaza, pues esta está aquí entre nosotros.

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