Por: Carlos Meneses

“Los cambios del gobierno no solo deben anunciarse. Es necesario que de una vez se hagan realidad”.

En forma reiterada, y sobre todo en las últimas semanas, el presidente Castillo se ha reunido con líderes políticos, jefes de bancadas parlamentarias y periodistas para encontrar solución, para hablar de una manera diferente en su quehacer que le provocó más daño que bien y que ocasionó el desconocimiento ciudadano de sus propósitos de acciones, con interpretaciones que pudieran resultar antojadizas o infundadas. Esto provocó incertidumbre que repercutió en la economía, sobre todo en la de los más pobres.

El presidente ha ofrecido reformas ministeriales que signifiquen también ampliación de su área de influencia en el Congreso de la República, junto a una nueva manera de comunicar al público y a la ciudadanía en general sobre cuáles son sus afanes en los asuntos importantes, para que reciba sugerencias y mejorarlas, con ello poder entender los propósitos de sus reformas anunciadas.

Necesitamos declaraciones claras, terminantes. Así como ejecuciones en función de las mismas exigencias, para que las cosas vuelvan a su lugar cuando estuvieran fuera de ellas y se cambien si es necesario hacerlo, pero no puede persistir el empeño de no dialogar con la prensa y de no difundir los propósitos del gobierno para evitar interpretaciones equivocadas.

Esto hay que hacerlo ya, sin esperar que pase más tiempo, para que los errores del 2021 no se repitan o permanezcan sin tocarse.

Así lo exigen las circunstancias. También se pide que el proceso de inicio y seguimiento de la lucha contra la corrupción se evidencie en los tribunales para que la gente vea que no todo, es decir, sino también hacer para que algunos de los implicados sean sometidos a castigo por lo que mal hicieron contra el erario público y el bien común.

Que el presidente Castillo tiene que cambiar de manera de ser y de actuar no hay duda alguna y que la ciudadanía tiene derecho a saber cuál es el destino del futuro del país también es verdad y de necesidad colectiva.

Todo depende ahora de la buena voluntad de un régimen legítimo que debe durar los 5 años que manda la Constitución.

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