Por: Roxana Ortiz A.

Hace aproximadamente 116 años, surgió la tradición de ofrecer a los hijos de los trabajadores del mercado San Camilo y comerciantes de los alrededores, un regalo por la llegada de los Reyes Magos, además de darles una deliciosa y tibia chocolatada. Para quienes trabajaban como estibadores, un caliente aguadito de pollo.

Mercado celebró su 141 aniversario

Luego de varias generaciones, la tradición no se ha perdido. Luego de las 9 de la mañana, decenas de niños se van congregando en el segundo piso del restaurante El Inter, de quien fuera doña Vilma Rivera de Samos, la popular “ccarosa”.

“Días antes mi mamá se iba a comprar los regalos para los niños, para hombres y mujeres. Se entusiasmaba cada vez que se acercaba la fecha. A sus compañeras que venden pollo les pedía que le separen el pollo para el aguadito que muy temprano cocinaba”, cuenta Ismael Samos, hijo de doña Vilma.

Los hijos y los nietos decidieron continuar esta tradición, pues doña Vilma, lamentablemente dejó de existir en abril del año pasado y aunque su restaurante pasó varios meses sin abrir, para guardar luto, sus hijas y nuera decidieron continuar ofreciendo los potajes arequipeños a sus clientes. Pero también decidieron seguir con el agasajo a los menores y nuevamente reunieron regalos para entregar a los niños y el aguadito para los adultos.

“Vamos a comer al inter”, se comentaba entre quienes acostumbraban ir a servirse variados platos en el restaurante de Doña Vilma, aunque posteriormente el término se comenzó a utilizar para designar además, a los varios puestos de comida que hay en este centenario y céntrico mercado arequipeño, donde acuden cada mes, cientos de turistas nacionales e internacionales.

Son muy pocos los lugares donde ahora se puede consumir el “rachi de panza” y uno de ellos es en El Inter, donde se da gusto y sabor a unos 50 kilos de menudencia, que no necesariamente a todos gusta, más por el aroma que despide que por su sabor. “Me encanta este caldo, por eso vengo a consumirlo y a mis hijos también; pero a ellos les molesta un tanto su olor tan característico, pero eso es lo de menos”, dice don Carlos Gutiérrez, asiduo visitante del lugar.

Doña Vilma, de exquisito trato para con sus clientes nació en este mercado, por un accidente. Su madre trabajaba en el lugar, también preparando comidas y al bajar las gradas resbaló cuando tenía 7 meses de embarazo y tuvo que ser asistida por sus compañeras para alumbrar en el lugar. Por eso doña Vilma siempre decía que nació y que moriría en el mercado San Camilo donde pasó los mejores años de su vida; pero como la pandemia alteró la vida de todo el mundo, tampoco le permitió cumplir su deseo y dejó este mundo en una cama de hospital.

El local de esta matrona de los caldos, llevaba primero el nombre de “La Rana”, apodo que le pusieron los clientes a la mamá por sus grandes ojos. Luego un comensal que probó la comida, le dijo que el sabor era de talla internacional, por lo que lo rebautizaron como “El Inter”.

Junto a ella, estaban sus hijas desde muy pequeñas – tuvo 11 hijos- quienes ayudaban en la cocina en sus horas libres luego del colegio; pero cuando su hijo Ismael se casó, su esposa Victoria la acompañaba siempre. Le tenía extrema confianza como para confiarle sus recetas; “pero no la plata”, dijo en una oportunidad bromeando con ella.

Tras el fallecimiento, se reunieron las hijas, todas profesionalmente formadas. Profesoras, enfermeras y otras, además de los hijos y decidieron continuar con el legado de su madre. Así que cada una de ellas se hace responsable por una semana de acudir a ayudar a Victoria en la preparación de los platos.

El tradicional adobo de los domingos, allí se encuentra todos los días de la semana; por supuesto el rachi y el caldo de lomos; pero además se encuentran segundos como las patitas con maní, la matasquita, chanfainita, el mondonguito, cau cau y los frijoles, que se cocinan en grandes ollas desde muy temprano y hasta que se acaban después de las cuatro de la tarde.

Los nietos y hasta los bisnietos son asiduos concurrentes del restaurante, donde han probado su sazón personajes conocidos como Mario Vargas Llosa, Gastón Acurio, Pedro Pablo Kuczynski, el propio Alan García que iba camuflado a almorzar; entre otros reconocidos políticos.

El jueves 6, día de la Bajada de Reyes, antes de culminar la ceremonia de aniversario del mercado San Camilo que cumplió 141 años, se comenzaban a sacar las mesas del restaurante al pasadizo para permitir que los niños se sienten a degustar su dulce chocolate con panetón y luego formar cola para recibir entusiasmados sus regalos. En otras mesas los adultos ser servían su aromático plato de aguadito.

Don José Samo, esposo de doña Vilma, miraba atentamente el trabajo que realizaban sus hijos y sus nietos agradeciendo a la vida por todo lo recibido. A su local acudían los integrantes de reconocidos grupos musicales, como Los Dávalos, Los Panchos y Los Pachecos, quienes después de haber tocado toda la noche en diversos locales, iban a recuperar fuerzas con sus caldos.

Doña Vilma contó que su esposo tocaba con ellos los fines de semana y es así como lo conoció y la enamoró con la canción “Cariño Bonito”. Al final de sus años, don José la acompañaba diariamente sentado en una silla en el restaurante, mientras ella coordinaba el menú del día.

DATO

Ella logró adquirir el local que ahora maneja la familia, por eso es que la tradición continúa, lo que todavía no pueden hacer la mayoría de comerciantes del lugar, pues que como cada puesto es propiedad de la Municipalidad Provincial de Arequipa, cada que fallece el titular, el puesto revierte a la entidad y lo puede concesionar a otra persona, algo que los trabajadores buscan cambiar desde hace muchos años, adquiriendo la propiedad, pero no lo logran.

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