Por: Cecilia Bákula – El Montonero

Cada inicio de año, aun en medio de una realidad que puede ser objetivamente mala, todos tenemos un pequeño porcentaje de ilusión y esperanza; nos gusta creer que el año que se inicia va a ser diferente, algo mejor y así lo deseamos sinceramente. Pero, en nuestro caso los sueños se desmoronan rápidamente pues hemos iniciado el 2022 sin alterar la pendiente por la que el país va yendo en picada. Hay algunos elementos que nos permiten afirmar esto y quisiera referirme tan solo a algunos de ellos.

Sin duda, el primero es el grave error institucional de renunciar a investigar al jefe de Estado luego de haber iniciado un proceso utilizando una equivocada interpretación de una norma constitucional. Cuando se conocieron los hechos que se imputaba al mandatario, tanto la justicia como la población comprendieron que el inicio de una rigurosa investigación era indispensable. Los hechos conocidos y los cargos que podrían imputarse no son de poca monta pues ya el 8 de noviembre último se vinculó al presidente con supuestos actos ilícitos vinculados a un posible “patrocinio ilegal y tráfico de influencias” en un aparente intento por tener injerencia en el proceso de ascenso en las Fuerzas Armadas y, como si ello fuera poco, se descubrió que habría tenido una indebida participación en procesos de adjudicación de obras y adquisiciones al haber llevado a cabo reuniones en las que, aparentemente, se negoció adquisiciones millonarias a favor de proveedores y lobistas de su entorno.

El asunto escaló a niveles de escándalo; a ello se agregó la comprobación de reuniones irregulares en un local de Breña y a lo que se añadiría la presunta modificación del registro de ingreso de visitantes a Palacio de gobierno y la negativa a aportar la relación de personas con las que el mandatario se habría reunido tanto en la Casa de gobierno como en el inmueble del Pasaje Sarratea. Todo este conjunto de hechos, demostrados gracias a la tenacidad de la prensa independiente, habían enturbiado tanto el panorama político. Sin embargo, una errada interpretación del artículo 117 de la Constitución ha impedido que se avance en la búsqueda de la verdad, al menos por ahora.

En el Perú, lo que vivimos es un severo desgobierno que solo puede exhibir desastre en los casi 6 meses de haber llegado al gobierno y enfrentamos una administración cuya incapacidad para gobernar, objetivamente demostrada, se agrava por una conducta que no solo se puede tildar de ilegal, irresponsable y en mucho delictiva, sino que es esencialmente inmoral pues va contra todos los principios de un buen gobierno. A un gobernante no se le puede eximir ni de responsabilidad ni de desconocimiento pues si no puede asumir el gobernar, no debe ocupar esa dignidad política. Cargar sobre los hombros el estar llevando al país al despeñadero debería obligarlo a reflexionar y a asumir, con hidalguía de maestro, su incapacidad.

Un segundo elemento es la cada vez mas complicada situación de expansión y manejo de la pandemia. Poco importa cómo se denomine a la sepa que nos ataca en este momento, lo fundamental es que las autoridades asuman sus respectivas responsabilidades con inteligencia y seriedad. Ya el toque de queda en los días de Navidad y Año Nuevo dejó de ser efectivo cuando la máxima autoridad del país decidió requerir para él y su entorno una modificación de la norma, para celebrar, a su peculiar estilo, mientras se obligaba a la población a recluirse aislados en casa y como si fuera poco, en la gran Lima se cerraron las playas obligando a la policía a custodiar las orillas, dejando a los hampones, libres para cometer fechorías pues el incremento de la violencia y la inseguridad son evidentes. Si ya sabemos que el toque de queda no ha dado resultados suficientes, ¿qué se quiere lograr con una medida de ese tipo, en la madrugada?

Mientras esto sucede, la inversión privada decae, el empleo formal, al que todos los peruanos tenemos derecho se hace cada vez más escaso y el que se haya anunciado un posible reinicio de labores en las Bambas, no significa, en modo alguno, que la actividad minera se está recuperando . Lo cierto es que el año 2022 empieza con una creciente y cada vez mayor desconfianza en las posibilidades de que el inquilino de la casa de Pizarro pueda enrumbar la política y la conducción del país.

Basta ya de una actitud del todo irresponsable por parte del gobernante de victimizarse por su origen o por su oficio. De mucho orgullo es ser provinciano, de gran valor ser migrante y máxima satisfacción debería tener quien es maestro. La tragedia es que, de haber pasado por aulas de formación, ellas no dejaron huella en el alma ni en la conducta, ni en los valores supremos que debería tener y poder exhibir un educador. Ante eso, no queda duda que la gran tragedia del Perú es la triste y dramática situación de la educación.

Dejar respuesta

Por favor ingresa tu comentario
Por favor deje su nombre aqui