Por: Carlos Meneses

“La incertidumbre persiste y también faltan definiciones en temas importantes para permitir la mayor inversión privada extranjera y nacional”.

Con la misma facilidad con que las hace, el presidente Castillo olvida las promesas de reforma que ofrece al pueblo, al que tanto dice obedecer y estimar. Así se entiende que estando a mediados de enero nada de lo dicho al terminar el año 2021, o al comienzo del 2022, haya sido puesto en práctica para reformar el gabinete o para deslindarse de algunos malos secretarios de Estado.

Persiste también el señor Castillo en no dialogar con la prensa y solo aceptó reprisar lo que el presidente Sagasti hizo a través de sus ministros en las conferencias de prensa que seguían a consejos ministeriales que presidían los jefes de Estado.

Cuando el señor Castillo llamó a su despacho al ex candidato presidencial, Daniel Salaverry, y por antecedentes que tuvieron como escenario la casa de Breña se supuso que a Salaverry quería confiarle el cargo que ahora tiene Mirtha Vásquez, pero los deseos presidenciales no eran esos sino entregarle la presidencia de Perúpetro. Eso nada tenía que ver, por cierto, con el gabinete ni con la figuras ministeriales de las que muchos hablan mal.

Sobre el tema hay silencio, excepto una reunión del fin de semana pasado con los hermanos Cerrón, que dirigen Perú Libre, y con algunos incondicionales suyos. Entretanto, todo sigue igual en el país: las cosas siguen subiendo y afortunadamente el dólar baja, pero no en porcentaje ni en cambio en soles que podrían alentar nuevos precios para el consumidor final.

En buen romance, el 2022 se desarrolla en condiciones semejantes al 2021 que en materia económica, política y social quiere decir solamente más de lo mismo.

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