Por: Guillermo Vidalón – El Montonero

De un gobierno se espera una visión de futuro del país deseado en un número razonable de años, y no un lamento acerca del devenir histórico de la república en su bicentenario. Las alusiones a los 200 años que suele hacer el jefe de Estado para justificar sus indefiniciones de política no ayudan a que la ciudadanía converja sus esfuerzos hacia un objetivo en común.

Contamos con un mandatario que cuenta con la fortuna de haber arribado al poder en un período en que los precios de los metales industriales se han incrementado significativamente, como consecuencia de la recuperación de las economías del primer mundo, el avance en la vacunación y las eficiencias operativas que brinda la inteligencia artificial y su aplicación en la robótica.

No obstante esta realidad, el Gobierno parecería estar decidido a conducir el país en una ruta contraria al desarrollo y regocijarse de los mayores ingresos tributarios que le brinda principalmente la actividad minera. Cuando lo razonable sería generar incentivos para incrementar la producción de manera sostenida para compensar los períodos en que los precios de los metales caigan. Esto no es muy difícil de entender.

Además, si ya de por sí el Gobierno recibirá mayores ingresos tributarios que en años previos, es precisamente el momento en que el líder o quienes lo secundan promuevan que el capital generado se reinvierta en el país para producir más metales, impulsando y brindando facilidades para la instalación de nuevas operaciones mineras, fundiciones y refinerías. Estas últimas añadirían valor agregado y, sobre todo, ayudarían a recuperar la confianza de la comunidad internacional de inversionistas. Además, habría miles de nuevos puestos de trabajo, cuyos salarios se orientan principalmente al consumo, fortaleciendo la demanda interna y reactivando el aparato productivo. ¿Acaso estamos transmitiendo un mensaje poco comprensible?

En el Perú, la minería debe recibir el tratamiento de política de Estado. Es necesaria para cerrar las brechas sociales en el más corto plazo posible; y además, al generar recursos económicos facilita la ejecución de proyectos de desarrollo de infraestructura en todo el territorio nacional. Contar con carreteras de penetración y, mejor aún, con autopistas o trenes que interconecten la selva con la costa, y viceversa, impacta favorablemente en la producción, el relacionamiento social y en la tan comentada interculturalidad. Nadie aprecia lo que no conoce, y los peruanos tenemos que aprender a reconocernos como iguales. Pero para pasar del discurso a los hechos se requiere un liderazgo gubernamental que brinde esa oportunidad.

Y la oportunidad se concreta y fomenta cuando existe un sistema vial y de conectividad que hace posible compartir el excedente producido en el interior del país, ya sea por la agricultura familiar o aquella que se ha organizado para trabajar mayores extensiones de terreno y lograr producir a un costo que les permita obtener mayores beneficios económicos.

En ese sentido, recuperar y superar previos niveles de inversión anual minera, que bordee los US$ 10,000 millones hará que la preocupación por los pobres pase del discurso sin fundamentos en la realidad al logro de la superación de las condiciones de vida que padecen más de una decena de millones de compatriotas en la actualidad.

Ojalá el gobierno decida transitar por la ruta del desarrollo.

Dejar respuesta

Por favor ingresa tu comentario
Por favor deje su nombre aqui