Por: Carlos Meneses

“Los consultores presidenciales parecen no existir en la designación de los responsables de la administración pública. Bien haría el presidente Castillo en buscarlos y colocarlos en el lugar que merecen, antes de seguir cometiendo los errores que se repiten, como en el caso Salaverry”.

Una vez más, con la designación del ex candidato presidencial y también ex presidente del Congreso, Daniel Salaverry, el presidente Castillo evidencia terquedad en decidir nombramientos de funcionarios públicos de una manera similar a la que puede escoger en cargos importantes el jefe de una familia cuando le dan a elegir entre sus vecinos más cercanos o sus amigos, aunque estos sean recientes.

Lo ha hecho desde que llegó al gobierno, pero la comisión de excesos y también de errores al escoger provocan permanentes problemas en el manejo del gobierno y, como en el caso de Salaverry, la evidencia de que no se tiene en cuenta, en lo más mínimo, la meritocracia que significa garantizar bondades en el manejo de la cosa pública.

Cada vez que el mandatario así actúa se crea problemas de connotación en la economía y en la administración de la actividad estatal.

Lo de Salaverry se explica y justifica en la oposición que ha provocado, en la urgencia y necesidad de que quien se encargue de la compañía petrolera del Estado sea un entendido en la materia y no solamente quien parece tener méritos como empresario de cualquier sector que no sea justamente el que el jefe del Estado ha confiado al político Salaverry.

Hasta ahora, con la sola excepción de algún ministro de Estado o del presidente del Banco Central de Reserva, no ha habido aciertos en las decisiones de gobierno y parecen ser consecuencia no solo de los errores personales del gobernante, sino de la ausencia total de asesores eficaces que le puedan dar buenas ideas.

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